De profesión: hongo
Los blogs son como las setas. No necesitan muchos cuidados y crecen rápido, además siempre vuelve a brotar un blog en cualquier sitio: en una libreta abandonada, en un post-it… pero estos necesitan unas condiciones. Ese espacio especial que les de vida. Pero los bloggers no se quedan atrás. Los bloggers son como los champiñones. También hay muchos, pero no destacan tanto y requieren, también, unas condiciones especiales que los hacen únicos.
Por lo tanto, podemos decir que la blogosfera es un campo de cultivo donde sobresalen las setas, pero en donde también hay, aunque no se vean, un número igual o mayor de champiñones. Es decir, hay muchos blogs y muchos bloggers, pero también hay muchos blogs sin bloggers y muchos bloggers sin blog.
Claro, lo que pasa es que como por acá los hongos y las setas sólo las vemos en los programas de arte culinario y los champiñones son un lujo asiático, tal vez me pierda un poco en la humorada de la metáfora aunque entiendo la idea. Además, eso es sólo una parte de una serie de entradas en diferentes sitios. En alguno de ellos he leido esto:
“¿A qué llamamos blog? Si detrás de un blog no hay un blogger, ¿podríamos hablar seriamente de blog?”
Reconozco que traté que Google me diera alguna respuesta sobre el tema, alguna definición clara pero la palabra blogger está tan asociada al servicio del mismo Google que a la cuarta página de resultados me di por vencido así que no me quedó otra alternativa que usar el sentido común y decir que es cierto, que un blogger no es el que hace un blog porque cocinero no es el que cocina ni pintor el que pinta así que me imagino que habrá una nueva categoría profesional a la que podría llamarse blogger. Un blogger entonces, sería un profesional de los blogs.
El problema de la semántica y las definiciones parece encaminarse en el buen sentido:
Un blog es básicamente un lugar donde llega uno y pone cuatro cosas que a su vez ha visto en otro blog que ponían sobre una cosa que, a decir verdad ni uno ni otro saben de qué demonios están hablando, pero tienen una cosa clara: “Si ese otro estaba hablando de esa cosa, y el otro también, por algo será”
Pueden ser de tres tipos muy distintos: los que te dan ganas de patearle la cabeza a su autor, imprimir todo su contenido y hacérselo tragar, los que te dan ganas de patear todo su contenido e imprimir la cabeza de su autor, y los que te dan ganas de autorizar el contenido de la patada.
Ahora, no sé por qué pero me acuerdo de mi abuelo saludando a un hombre en la playa:
— Buenos días, señor.
— Doctor — lo corrigió el hombre — Doctor Fulano.
— Perdón, creí que era un Señor pero resulta que sólo es Doctor.





