Sin esperanzas (Fragmentos)

Cada mañana, al despertar, el único sonido que escucho es el inefable ronroneo del reloj que pende sobre mi cabeza.

Ninguna voz viene a saludarme, ninguna mano cálida me da la bienvenida a otro sol, a otra luna, a una nueva repetición de esto llamado vida.

Por más que me esfuerce en recordar, jamás este largo derivar del calendario se ha hecho tan riesgoso y vacío como ahora.

Y es que de nada sirven mis ruegos ni mis gritos, la ayuda que busco no está más acá del cielo, si no que yace dormida en lo profundo de la memoria.

Son señales de auxilio que arrojo hacia el pasado, a un tiempo de infancia y de castillos de arena o a un amor que jamás supo de mi existencia.

Los domingos pasan, los días me van dejando su gusto, cada vez más amargo; la música parece seguir siendo siempre la misma y sin embargo, hay notas que suenan un poco distintas, como si el verano sólo fuese otra esquina lejana y esta ciudad acariciara las estrellas con sus dedos flacos.

Si el pecado tiene una condena, no sé cuál habrá sido el mío para merecer semejante destino, pero sin duda debe pesar mucho en la balanza.

Y ahora no hay Dios ni Diablo que puedan rescatarme porque no existe redención ni alivio cuando ya ni quedan esperanzas.

Creo que lo único que puedo decir es esto que me surge de la piel y me rodea.

¿Por qué habrá otro día si no hay otro amanecer?

Sin esperanzas (Fragmentos)

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Cada mañana, al despertar, el único sonido que escucho es el inefable ronroneo del reloj que pende sobre mi cabeza.

Ninguna voz viene a saludarme, ninguna mano cálida me da la bienvenida a otro sol, a otra luna, a una nueva repetición de esto llamado vida.

Por más que me esfuerce en recordar, jamás este largo derivar del calendario se ha hecho tan riesgoso y vacío como ahora.

Y es que de nada sirven mis ruegos ni mis gritos, la ayuda que busco no está más acá del cielo, si no que yace dormida en lo profundo de la memoria.

Son señales de auxilio que arrojo hacia el pasado, a un tiempo de infancia y de castillos de arena o a un amor que jamás supo de mi existencia.

Los domingos pasan, los días me van dejando su gusto, cada vez más amargo; la música parece seguir siendo siempre la misma y sin embargo, hay notas que suenan un poco distintas, como si el verano sólo fuese otra esquina lejana y esta ciudad acariciara las estrellas con sus dedos flacos.

Si el pecado tiene una condena, no sé cuál habrá sido el mío para merecer semejante destino, pero sin duda debe pesar mucho en la balanza.

Y ahora no hay Dios ni Diablo que puedan rescatarme porque no existe redención ni alivio cuando ya ni quedan esperanzas.

Creo que lo único que puedo decir es esto que me surge de la piel y me rodea.

¿Por qué habrá otro día si no hay otro amanecer?

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La fiesta era para todos
guirnaldas de flores en las puertas
bailes en las esquinas
alegría
hasta que el río invadió sus orillas
y el milagro se volvió contra nosotros.
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La fiesta era para todos
guirnaldas de flores en las puertas
bailes en las esquinas
alegría
hasta que el río invadió sus orillas
y el milagro se volvió contra nosotros.
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Apenas unos chicos
jugando entre las piedras de la calle
infancia solitaria
sus caras observando la tormenta que se aproxima
y el grito que se escucha es sólo el silencio.

Los días ya no cuentan
las noches se restan una a una
poco a poco
el infierno cambia de estado
y es demasiado tarde para perdonar a Dios.
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Apenas unos chicos
jugando entre las piedras de la calle
infancia solitaria
sus caras observando la tormenta que se aproxima
y el grito que se escucha es sólo el silencio.

Los días ya no cuentan
las noches se restan una a una
poco a poco
el infierno cambia de estado
y es demasiado tarde para perdonar a Dios.