Llegó la tele

Que el permiso incluya tener que acarrear con mi hermana menor es un detalle insignificante, cualquier sacrificio vale la pena. Palote palote palote más palotes, el odiado vaso de leche, el recreo largo, el último recreo, mirar las figuritas del libro de lectura porque aún no tenía idea de lo que era la letra A así que mucho menos podría comprender esos garabatos que, suspuestamente, decían mi mamá me ama pero vaya uno a saber si era cierto.
Tictac tictac y es inevitable que por fin llegue la hora y formando fila salgamos a la calle. No vale la pena correr porque no hay apuro y el perro del garage suele ladrarme y mostrar los dientes. Total, falta un rato largo y lo importante era que ya se había superado una primera etapa y sólo faltaba otra, comerse las milanesas de un bocado y dejar que la hora de la siesta transcurriera lo más rápidamente posible.
Por supuesto que era difícil saber si faltaba mucho o faltaba poco y de nada servía mirar el reloj, no sólo porque no tenía idea de lo que significaban esas manecillas sino porque una hora, dos o cinco minutos sólo eran palabras que nada significaban. Mucho, poco, todo da igual cuando uno sólo espera que sea ahora, ya mismo.
Pero es inevitable que el momento llegue en algún momento y ahi fuimos, atardecía y cruzamos la plaza hasta la avenida. Cruzamos la calle mirando a ambos lados como nos habían recomendado veinticincomil veces y luego, doblamos a la izquierda y caminamos hasta la otra esquina. Dos cuadras completas, una hazaña.
El negocio era una especie de bar pero de esos que nunca se sabe muy bien que son. Había personas jugando a las cartas, otros al dominó, el viejo del kiosco de flores saboreaba algo que parecía ginebra. Detrás del mostrador, el hombre nos hizo señas indicándonos que siguiéramos de frente y nos metiéramos a traves de una puerta no-puerta que separaba el salón del resto de la casa donde vivía mi amigo. Cruzamos esas cintas metálicas que pendían de la parte superior del vano y entramos en la cocina saludando a la señora que pelaba papas como si las odiara.
Allá en el fondo se escuchaban los murmullos poco disimulados del resto de mis compañeros que, en masa, se habían juntado en una pequeña habitación casi sin muebles, para contemplar embobados, ese artefacto extraño que se apoyaba indolente junto a una de las paredes: un televisor. El primero, el único que había en todo el barrio.
Nos unimos a la ceremonia más que nada porque había que ser solidarios con la exitación pero yo esperaba que alguien me revelera el secreto y que de una vez por todas, lo encendieran.
Por fin, algún adulto entró, nos miró con cierta arrogancia y se puso a manipular los controles del aparato hasta que se iluminó y empezaron a salir sonidos de su interior. Sólo se veían rayas y uno podía imaginarse cosas pero bastó que le diera un par de golpecitos suaves pero firmes en un costado para que de pronto, una señora que imagino rubia y perfumada, me sonriera desde la pantalla y me hablara de las bondades de un jabón en polvo que seguramente debía ser el mejor de este mundo por la forma enfática con que lo promovía. Lamentablemente, mi edad me impedía tener dinero suficiente para esas cosas así que tuve que ceder al primer impulso que fue salir corriendo a comprar uno.
La señora se fue y apareció un señor con moñito y bigote que también sonreía con todos los dientes pero ya no le presté atención porque alguien me codeaba y me hablaba al odio diciéndome ohhh ahhh uhhh y otras cosas semejantes que seguramente significaban que estaba tan embobado como yo.
Y así pasó el tiempo hasta que el Llanero Solitario montó su caballo blanco y me dejé llevar por él como tantas otras veces lo había hecho en el cine. Por suerte, todo terminó bien, los malos fueron encarcelados, los buenos se salvaron y ahí terminó.
Sin mucho que hablar, desalojamos la habitación y cada uno se volvió para su casa sin decir palabra.
Ahora sé que fue media hora, sólo media hora … pero también fue el infinito








No recuerdo con precisión el día en que llegó la tele, sí toda la preparación en la casa de mi abuela materna para mirar cuando el hombre pisó la Luna. No lo podía creer, estaba alucinada.
Después en mi barrio, supongo solo habría tele por la tarde noche, en la casa de una amiga: sacaban la tele a la puerta de la entrada, allí los vecinos cual pantalla de cine miraban a Narciso Ibáñez Mente ‘El hombre que volvió de la muerte’, el terror que sentíamos! y ellos diciendo ‘no es un programa para niños’. Igual sucedía con Alta Comedia.
Es cierto, el tiempo no se medía con reloj, ni en clases, tampoco en la casa, ni cuando emprendíamos la tarea de armar una cancha de fútbol-voley-cesto…en patas desyuyando un campito
Que tiempos… el primer televisor lo tuvieron mis abuelos y después ya lo compraron mis padres… pero yo me acuerdo de mi serie preferida … que casi nadie se acuerda o la veian pocos Any Oakley… que mujer, era mi ídola!!! no saben la bronca que me daba en todas las series cuando le daban una pistola a una mujer y tenía que cuidar al malo y el malo se la sacaba…. yo por dentro decía , es tonta????, que le pasa???? … o cuando había que correr que justo…justo, justo se le doblaba el tobillo…. nadie sabe correr…. violeta me ponía!!!!! , pero Any resarciaba todas las humillaciones que sufría el género femenino en esas épocas. Fue una adelantada…jajajajaja
http://video.google.com/videoplay?docid=2170759913343757068#
Gracias por el post
Lindos recuerdos
Que buena historia. Supongo esa emoción tan grande que sentías al salir de clases. Quizás así me sentí yo, pero con el primer computador que hubo en casa, jajaja.
Así es, Graciela, el tiempo y las distancias tenían otros significados. Desde lejos, muchas cosas las recuerdo como “grandes” aunque imagino que eran “chicas”. Ir de una punta a la otra de un patio podía ser toda una aventura, sobre todo si uno iba pegado a la pared donde la abuela tenía esos helechos tan tentadores a los que era inevitable arrancarles las hojas al pasar.
Me acuerdo de Any Oakley
Eso que cuentas siguió durante mucho mucho tiempo … incluso ahora. Siempre me llamaron la atención dos cosas: que las mujeres de las series y las películas gritaran asustadas por cualquier cosa y que al escapar, siempre, pero siempre, se torcieran un tobillo
Salva: yo no sé si era Emoción así con mayúsculas; era … curiosidad, ansiedad, no sé cómo definirlo porque en realidad, no sabíamos de que se trataba, eran cosas que no podían entenderse ya que no había nada semejante con que compararlo.
Esa manía de romperle los helechos a tu abuela!
no nos dejaban ni tocar las plantas, eran seres vivos!
Recordé ahora, algo muy importante! la antena: uno subido en el techo y desde abajo ahí! ahí! se ve!
La tele llegó a mi casa cuando tenía 12 años, solo la manejaban los mayores, cuidadito de encenderla, cambiar de canal! jajaja igual que ahora!
Me costaba mucho entender que esa gente que veía en revistas, hablaran en la caja, poder verlos en movimiento.
En mi infancia y adolescencia hubo poca tele, mucha radio, libros, música, trabajo y estudio, por eso tal vez no me gusten las novelas.
Eran una tentación. Se agarraba la hoja desde bien abajo y zummmmmmm se dejaba el tallo pelado, dejando decenas de hojitas alrededor
Oh, la antena, claro. “Movela un poquito” “No, menos” “Para el otro lado”. Todo eso a los gritos pasando las instrucciones de persona a persona desde donde estaba el aparato hasta el héroe que estaba haciendo equilibrio en el techo
Y el pan de jabon con las dos agujas de tejer?????? jajajaja
Jajajajajaajaja ¡¡¡¡¡¡ CLARO !!!!! Oh Dios, la tecnología era tan simple, entonces
Una papa con dos agujas jajaja
No debo reírme Carla tiene tele con antena, sabes cómo nos reímos: pará ahí ahí…nooo un poquito más allá…la tecno no llega a todos los hogares.
No se ria que todos, alguna vez, hemos tenido que recurrir a esas cosas y a atar “con alambre” algo
Creo que es de los primeros recuerdos de mi infancia. Y digo creo porque no se hasta que punto recuerdo yo, y hasta que punto me invento. Tenía cuatro años, y si lo recuerdo fue porque la compramos justo cuando mis tíos, que llevaban 12 años emigrados a Brasil, volvieron a casa. Se me mezclan los recuerdos de esa vuelta con la tele, un calendario del Flamengo, figas, bossa nova, dos niños mas mayores que yo (mis primos) que hablaban raro y bailaban samba, y mi programa favorito “los chiripitiflauticos”, y a mi madre diciendo que no podía ser que me gustaran mas los malos que los buenos. A partir de ahí la cantidad de recuerdos que todos hemos acumulado, buenos y malos, con imágenes televisadas es muy, muy larga.
Los Chiripitifláuticos … a esos no los conocía
Pués si, los recuerdos son así, una mezcla de sensaciones desmembradas que uno trata de organizar y allí es cuando se llenan algunos vacios con la imaginación de lo que debería haber sido
Por eso dos infantes nacidos y criados en la misma familia, y en el mismo ambiente, terminan contando distintos recuerdos. Como me pasa a mi con mi hermano que a veces rellenamos huecos uno con otro, y a ratos terminamos dudando si realmente somos hermanos o a uno de los dos, en algún momento, le abdujeron los marcianos
La imaginación es poderosisima, y nos ha dado muy buenos ratos. En mi imaginación he tenido romances con Starsky y Huch (no me decidía así que una semana con cada uno), los hombres de Harrelson (con Harrelson no porque era demasiado mayor, y el negro tampoco porque estaba casado), media tripulación del Enterprise (menos Spock y el doctor por feos) el hijo pequeño de Bonanza (cuando vi que se había convertido en padre en la casa de la pradera decidí abandonarle)y …. bueno la lista es muchísimo mas larga. Ahora mi imaginación perseguiría a George Clooney. que ya me da igual que tengan novia o estén casados, pero como me temo que va a seguir sin hacerme caso, me quedo con lo que tengo en casa, no sin antes imaginarme que tengo su cuenta bancaria.
¿Eso quiere decir que la imaginación sigue volando pero se han abandonado algunos escrúpulos? Digo por lo de George Clooney
Pues va a ser que si, me temo que los escrúpulos de ese tipo se quedaron junto con los granos en la pubertad. Claro que recalco que los de “ese tipo”, porque hay otros que se han acuciado tolero peor la estupidez, la tontería, la mentira o mejor dicho la verdad a medias porque la mentira piadosa si es tolerada, y alguna cosa más por el estilo que añadiría a la lista. Con lo cual si por muy grande que fuera su cuenta bancaria el Clooney resultase ser un tremendo estúpido, creo que terminaría mandandole a casa para que lo aguante su madre.
Bueno, una cosa es perder algunos escrúpulos y otra cosa es transformarse en un tonto
De todas maneras … pobre George
Jejeje o pobre de su madre
Jajajajajajaja